La historia de la restauración de una mítica casa de té destruida para la que Brad Pitt ayudó a recaudar US$20 millones
Se incendió dos veces pero una mujer apasionada y un grupo de artistas lograron reconstruir el edificio pieza por pieza y devolverle su esplendor.
* 6 de julio de 2025
* 12:40
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Mackintosh at the Willow, la reconstrucción actual del icónico salón de té diseñado por Charles Rennie Mackintosh, restaurado con fidelidad a su concepción original.
Artistas de todas partes del Reino Unido reconstruyeron pieza a pieza el salón de té más famoso del diseñador, una obra artesanalmente épica.
“Hay esperanza en el error honesto, ninguna en la fría perfección del mero estilista”. Un lema que se hizo carne desde Glasgow, gracias a Charles Rennie Mackintosh, su mayor exponente del movimiento Arts & Crafts y el Art Nouveau. Pasó sus primeros años en las afueras de Denistom, en contacto directo con la naturaleza, un vínculo que marcaría su futuro en el desarrollo de una estética orgánica.
Charles Rennie Mackintosh regresó a Glasgow, donde fue aprendiz de arquitectura en el estudio de John Hutchinson durante cinco años. Más tarde, durante sus estudios de dibujo y pintura en la Escuela de Arte, conocería a quienes formarían el grupo The Four: Herbert MacNair y las hermanas Frances y Margaret Macdonald, con quien se casaría y compartiría una parte importante de sus desarrollos.
El edificio para esa escuela se volvió mundialmente famoso, y fue destruido por un incendio en 2014. Brad Pitt fue una de las figuras que se comprometió en la recaudación de US$20 millones para su restauración. Sin embargo, cuando las obras de recuperación ya se habían iniciado, un nuevo incendio volvió a acosar al edificio.
Junto a su esposa, Mackintosh diseñó una serie de salones de té, respondiendo a una práctica habitual de la época. Los más célebres fueron los Willow Tea Rooms. Abiertos originalmente en 1903, fueron diseñados por Mackintosh bajo un concepto de control total por dentro y por fuera. Su involucramiento con la remodelación del edificio de viviendas de la década de 1860 se extendió a toda la decoración de interiores, que incluyó desde el diseño de la platería y vajilla, hasta el uniforme de las mozas.
Aunque Mackintosh fue celebrado fronteras afuera, no fue dimensionado en su ciudad de origen. Sin embargo, los salones de té, cercanos a la gente, fueron destacados por su valor artístico y decorativo, dos aspectos en los que el arquitecto se involucró en detalle. Luego de su apogeo, empezaron a mermar su protagonismo. Algunos sufrieron transformaciones inusuales y otros fueron ocultados detrás de grandes tiendas departamentales. Pasaron de mano en mano y hace una década, luego de varios intentos de rescatarlos, tuvieron cartel de venta.
Celia Sinclair, una mujer apasionada por el arte, fue fundamental en la recuperación de la herencia de Mackintosh. Fundó el Willow Tearooms Trust para revivir los salones originales. Compró el edificio que estaba a la venta y decidió encarar una restauración tan minuciosa que incluyó hasta las servilletas de las mesas.
“El plan involucró la restauración completa de los salones de té para llevarlos a su estado inicial”, relata Celia. “Incluido el Salón de Lujo del primer piso, que reunió a la alta sociedad de Glasgow en los eventos más recordados.” También se abrió un centro de visitantes y otro educativo que alberga a 2500 niños.
Para llevar adelante la idea, Celia creó un fideicomiso que debió reunir algo más de US$14 millones. “La obra implicó recuperar cada elemento tal como Mackintosh lo había ideado”, indica. Cada pieza se produjo siguiendo los mismos métodos con que Mackintosh las trabajó en sus inicios.
Hoy, los salones recuperaron su esplendor con la premisa del detalle y la pasión detrás de Celia y del equipo que convocó. “Mackintosh es para Glasgow lo que Gaudí es para Barcelona”, explica. “Es en estos salones donde se mostró integralmente al mundo. Lo único que aquí no le pertenece es la vajilla y la comida, por supuesto”. Aún así, el té se sirve como entonces, a toda hora, porque la experiencia Mackintosh at the Willow es atemporal.
Por Flavia Tomaello