
“Pasé del horror al alivio”: recuperó el hotel de su abuelo que estuvo usurpado por seis años
Los usurpadores la amenazaron y le exigían cifras millonarias para devolverle la propiedad; nuevamente el viejo hotel de la calle Chile volvió a sus verdaderos dueños.
* 29 de noviembre de 2025
* 11:36
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Luciana Palacio se crió rodeada de todo el esfuerzo que implica llevar adelante un negocio. Siguiendo el legado de su padre, en estos seis años no solo se convirtió en la dueña de uno de los bares más emblemáticos de Belgrano, sino que también recuperó el hotel de su abuelo, que había sido usurpado.
“Cuando me enteré que había recuperado la propiedad, me largué a llorar y salí corriendo al lugar”, cuenta Luciana.
Hasta hace unos meses, sin embargo, el panorama era desalentador.
Hacía mucho tiempo que venía cargando con emociones y situaciones que la habían llevado al límite. Primero fue la muerte trágica de su padre en 2019, a causa de una descarga eléctrica mientras arreglaba el local del cual ahora ella es dueña. Años más tarde, su hermana menor tuvo un grave accidente automovilístico.
Este año la situación no mejoraba: recibió amenazas y extorsiones por parte de los usurpadores, quienes exigían cifras millonarias al enterarse de que Luciana quería recuperar lo que le pertenecía a su familia.
Uno de los “okupas”, de nacionalidad dominicana, ejercía junto a su pareja un rol de liderazgo en la propiedad tomada. Había más de 10 personas habitando el lugar y pedían $30 millones “por cabeza” para abandonar la propiedad que, por supuesto, no era de ellos.
Un viaje a la inmigración española
El hotel en cuestión era de su abuelo paterno, Graciano Palacio, quien, escapando de la Guerra Civil española a comienzos del siglo XX, se vino a vivir a Buenos Aires con su pareja. Él de Asturias, ella de Galicia.
Juntos emprendieron un viaje hacia la Ciudad como muchos otros españoles que estaban en la misma situación. Acá, luego de trabajar en diferentes rubros, vio su negocio comprando propiedades y vendiéndolas. Así fue que adquirió el hotel de la calle Chile 1228, en Monserrat.
El viejo hotel de la calle Chile había quedado en manos de terceros y, hasta ahora, nunca había podido ser recuperado por sus dueños. Cuando falleció el padre de Luciana, ella revisó el estado del contrato de alquiler y constató que no había sido renovado, aunque las personas continuaban habitando el lugar.
No solo eso: quienes lideraban la usurpación subalquilaban las habitaciones.
El procedimiento de recuperación se dio tras un operativo del Gobierno porteño que estuvo a cargo de la Policía de la Ciudad, personal de Espacio Público e Higiene Urbana, Emergencias, Bomberos y la Red de Atención, tras una denuncia por usurpación radicada en la Fiscalía Nº 21.
Y se concretó después de que Luciana se contactara con el Jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, para contarle que el inmueble familiar estaba tomado desde hacía seis años y que se estaba manejando irregularmente desde hacía 18.
“Nunca pensé que me iban a escuchar” expresa Luciana. “Pasé del horror al alivio, pensaba que eso no lo iba a recuperar más”, se emociona.
“Cuando un lugar es usurpado todo lo que sucede alrededor es malo. Se multiplican el narcomenudeo, la trata, los delincuentes escondidos, los robos en los barrios. Por eso nunca vamos a justificar un delito: en la Ciudad la propiedad privada se respeta y el Estado está del lado de los que cumplen”, dijo en este sentido Jorge Macri.
El viejo hotel del abuelo de Luciana no fue la única propiedad recuperada por sus dueños en el último tiempo y esto tiene que ver con un cambio de época y con una decisión política. De hecho, fue el inmueble número 500 que la Ciudad devolvió a sus propietarios en los dos últimos años.
Los usurpadores fueron echados de otros ex hoteles en Constitución y Flores, que se usaban como prostíbulos o búnkeres de drogas. También se recuperaron inmuebles tomados en Almagro, Palermo, La Boca, Villa Crespo, Barracas y Once, entre otros barrios.
Empezar de nuevo
El hotel de Luciana Palacio ahora parece desconocido.
Muy lejos de sus años de gloria a cargo de su abuelo Graciano, el inmueble por ahora no tiene luz, gas ni agua y se encuentra muy deteriorado, con desprendimientos de mampostería y riesgo estructural, entre otros problemas.
A pesar de esto, ella tiene fe. “Con el tiempo me gustaría ponerlo en valor”, cuenta.
Una cuestión de legados. O de un destino que elige cada vez que cruza la puerta del local.